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Zona de alto riesgo

Durante años la dinámica de la zona de cruce fronterizo entre Tecate, Baja California y Tecate California, aunque compleja, tenía una movilidad efectiva.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión

Durante años la dinámica de la zona de cruce fronterizo entre Tecate, Baja California y Tecate California, aunque compleja, tenía una movilidad efectiva. Quienes cruzábamos diaria u ocasionalmente, lo podíamos hacer planeando el mejor horario. En algunas ocasiones la espera era larga, pero, aun así, existía un horario amplio que iniciaba a las 5 de la mañana y terminaba a las 11 de la noche, los siete días de la semana. Sin embargo, como todas las actividades de antes de la Pandemia del Covid-19, la situación tuvo un cambio radical y un impacto en las relaciones internacionales entre México y los Estados Unidos.

En el nivel local hubo un cambio dramático en el cruce diario de quienes trabajamos y vivimos en USA y, quienes viven en Tecate y cruzan todos los días. Los horarios de la garita cambiaron de manera drástica, de tener un horario de 18 horas diarias disponibles para el cruce, se dio un cambio radical. Los sábados y los domingos, se abren las puertas a las 8 de la mañana y se cierran a las 4 de la tarde. Mientras que, de lunes a viernes se abren a las 6 de la mañana y se cierran a las dos de la tarde. Un total de ocho horas diarias de trabajo. Esta modificación provocó un caos en nuestra ciudad, pues obligó a las personas a dormir en sus carros, a dejarlos estacionados con el riesgo de que se los robaran, a pagarles a sus familiares o amigos para que los cuidaran durante la noche y otras medidas similares.

Al amparo de estas restricciones del horario, surgieron los gandallas que comenzaron a hacer negocio en la línea, y se apoderaron de la calle convirtiéndola en propiedad privada. Posteriormente

surgieron los cobradores de piso y, quienes habían comenzado a ganar dinero cuidando carros y vendiendo espacios, comenzaron a recibir amenazas de que, si no pagaban el piso, tendrían consecuencias en su salud.

Pero también algunos policías municipales aprovecharon la anarquía en la línea, y se dedicaron a multar a quienes quisieron, principalmente a los anglosajones y a quienes daban la finta de ser turistas, sacándolos de la línea, inventándoles infracciones y exigiendo que se las pagaran allí en la fila. Llegaron al extremo de ofrecerles que ellos, los policías, iban a ir a la comandancia a pagar la infracción y luego les traerían la boleta pagada y la feria. También les pedían sus correos electrónicos para enviarles la boleta por ese medio.

Estas actividades se dieron por la omisión y el desinterés de las autoridades municipales, especialmente en la dirección de policía, en sindicatura y en la presidencia municipal. La nueva administración municipal debería tomar cartas en el asunto, retomar el control y reforzar el respeto a las leyes y los reglamentos y, establecer mecanismos de control de las actividades de los agentes de policía. Quienes estamos obligados a transitar entre ambos países, lo hacemos de la manera correcta, para llevar a nuestros hijos a la escuela y para trabajar. Estamos buscando el beneficio de nuestras familias, de nuestras comunidades y procuramos siempre ser solidarios con quienes nos rodean. Nuestros recursos económicos benefician a nuestra ciudad y, por consiguiente, debemos ser respaldados, protegidos y liberados de situaciones de riesgo. Vale.

* El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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