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Hermosillo: Jesús tiene un cuarto de siglo de endulzarle la vida a las personas

Vende algodones de azúcar y manzanas acarameladas en la capital Sonorense

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Por JORGE LÓPEZ

Los algodones por lo general miden aproximadamente unos 30 centímetros de largo por 15 de ancho, y se venden en 30 pesos.(FOTOS: JORGE LÓPEZ)

Los algodones por lo general miden aproximadamente unos 30 centímetros de largo por 15 de ancho, y se venden en 30 pesos. | FOTOS: JORGE LÓPEZ

HERMOSILLO, Sonora.- “Dios, no me hagas tan pobre para no robar ni tan rico para no olvidarme de ti; dame las porciones de mis alimentos diarios”. Así es como Jesús Guadalupe González Guerrero reza a diario antes de salir a la calle a vender los algodones de azúcar que prepara, y de paso, endulzar la vida de algunas personas.

Con azúcar, colorante en polvo comestible y saborizante, hace sus algodones de azúcar para ganarse la vida con el oficio que aprendió de su abuelo José Félix González, con quien vivió desde que sus padres se divorciaron y terminó de encargarse de su crianza.

“Esto viene de familia. Yo me crié con mis abuelos y mi abuelo, ‘Papá Félix’, así le decíamos, fue quien me enseñó a hacer las máquinas de los algodones y los algodones”, relató.

Casi toda mi familia es comerciante, tengo primos que son churreros, otros tienen juegos mecánicos, ‘Atracciones Azteca’, son los que se ponen en el Cerro de la Virgen”, añadió.

Se dedica a preparar y vender algodones de azúcar y manzanas acarameladas, desde hace más de 25 años, ya que, aunque le dieron la opción de estudiar, no pudo lograrlo al no tener cómo pagar la escuela y tuvo que ponerse a trabajar para sobrevivir.

“Sí tuve oportunidad de estudiar, porque a mí me dijeron: ‘O estudias o trabajas’, pero se me dificultó mucho, porque yo estaba en la secundaria cuando mis papás se divorciaron y pues estaba mi mamá: ‘Quédate conmigo’, mi papá: ‘Quédate conmigo’, y al final de cuentas me quedé con mis abuelos’”, comentó.

“Tengo dos hijas. A ellas les gusta esto, pero yo quiero que estudien”, añadió.

Antes de cumplir la mayoría de edad, Jesús Guadalupe ya trabajaba en la feria de sus familiares y fue ahí donde realizó sus primeros algodones.

Una vez que adquirió experiencia, comentó, empezó a tener sus propios clientes, quienes lo contratan para eventos privados, fiestas infantiles, posadas, y ha ofrecido sus productos en ferias de pueblo, lo que le ha permitido conocer casi todo el Estado.

• También hace pedidos especiales y hay precio al mayoreo.

LAS VENTAS HAN DISMINUIDO

Como a la mayoría de comerciantes hermosillenses, a Jesús Guadalupe le afectó la contingencia por Covid-19, especialmente en 2020, cuando se prohibió la venta de productos en la vía pública por lo que tuvo que buscar otro trabajo.

Al no contar con estudios y no saber otro oficio, el hombre de 40 años, consiguió trabajo como guardia de seguridad para poder sobrellevar la situación mientras las cosas mejoraban un poco.

“Al principio cayó mucho la venta y me metí a trabajar de guardia”, contó, “me estuve cuidando mucho del Covid, no saliendo a la calle, y la verdad, me fue muy mal ese año, y no nomás a mí, a todos, porque no daban permiso y multaban, pero gracias a Dios me ha ido bien y he tenido mis alimentos; hago mi oración todos los días”.

LA MAGIA DE LOS ALGODONES

  • La máquina para hacer algodones se compone de una tina ancha, que en su interior tiene un contenedor llamado “trompo”.
  • En el trompo se coloca alrededor de media taza de azúcar que está mezclada con el colorante y es opcional si se le quiere agregar algún sabor.
  • Hay un soplete que está conectado a un cilindro de gas de 9 kilogramos y un regulador, el cual enciende una llama que calienta la base del trompo.
  • Al encender la máquina, el trompo gira, se calienta y unas aspas adheridas a su base, echan aire.
  • Las piezas de la base y el trompo están separadas, y por esa ranura sale el azúcar derretida convertida en caramelo. El viento generado por las aspas hace que se enfríe y se convierta en filamentos pequeños.
  • Dichos filamentos se elevan y es donde el algodonero tiene que tener lista una varita de madera para recogerlos, convirtiéndose así en una esponjosa nube de algodón.
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