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Belomor

Todos las tiranías se parecen, cambian únicamente los nombres de los aduladores, los muertos tristemente permanecen, en México hasta hoy, más de 500 mil.

Por Joaquín Robles Linares N

Fue una de las grandes obras anunciadas al inicio de la década de los años treinta del siglo pasado. El esfuerzo material y humano de aquella tarea, serviría para demostrar que la joven Unión Soviética era capaz de construir un Estado socialista moderno, igualitario e industrializado, sin capital extranjero y en beneficio de la clase trabajadora.

El Gran Canal mar Blanco-mar Báltico fue un proyecto descomunal, se había planeado desde siglos atrás y permanecía en la memoria patriótica rusa, se pretendía unir el Ártico ruso con el mar Báltico, y por esta vía llegar a Europa por San Petersburgo. Después de un recorrido de 227 kilómetros, cruzando áreas anegadas, salvando una orografía caprichosa, soportando un invierno glacial con temperaturas de 40 grados bajo cero y, en el torrencial verano, sufriendo enjambres de enfurecidos mosquitos, todo esto aunado a condiciones de trabajo, alimentación y pausa inhumanas.

En esos años, Stalin había colectivizado millones de hectáreas, sembradíos ricos en producción de granos, quedaron confiscados y puestos a disposición del Estado convertidos en propiedad comunal, en la lucha por la defensa de su tierra, decenas de miles de pequeños propietarios fueron desterrados, apresados o asesinados.

A consecuencia de la destrucción de la actividad agropecuaria, la república más rica, Ucrania, se vio azotada por una hambruna pavorosa, mortandad que acabó sembrando de cadáveres los campos que históricamente se habían dedicado exitosamente a la producción de alimentos.

Todo esto, mientras el Vozhd -como se le nombraba en una mezcla de admiración y terror a Stalin-, auxiliado por el Ejército Rojo, se apropiaba de la cosecha de trigo para venderla en el mercado internacional, y así presumir la inexistente riqueza de este nuevo sistema económico, que trágicamente dejaba morir de hambre a los suyos.

Genrikh Yagoda, conocido como Yagoda, el jefe de la temible NKVD, siniestro personaje y jefe de la aterradora Policía política, fue uno de los ejecutores de aquella atrocidad; miles de campesinos o adversarios del régimen, fueron a dar a aquellos campos de detención y tortura: Los Gulags, para aquellos defensores del régimen, estos campos no eran tales, sino “campos de reeducación”, eufemismo perverso.

Yagoda aportó más de 100 mil personas a la obra del Gran Canal provenientes de los Gulags, cálculos conservadores hablan que en la construcción murieron más de 10 mil seres humanos; el canal fue excavado a pico y pala, sin ayuda mecánica y en un tiempo récord de 22 meses, al ritmo que se horadaba el terreno, los días marcaban un compás macabro de miles de infelices que eran dejados a la vera de aquel cauce.

Máximo Gorki, el gran escritor ruso se convirtió en un panegirista de la obra, formó una asociación de intelectuales para contribuir a la propaganda y exaltar la figura del “Padre de los Pueblos”, como también se le llamaba a Stalin.

El Gran Canal, bautizado después como Belomor, se inauguró en 1933 y fue un fracaso rotundo, el calado fue insuficiente, no podía recibir embarcaciones de carga o de guerra.

Yagoda cayó en desgracia tiempo después y fue condenado al paredón, al momento de su sentencia gritaba desesperado que él le era fiel a Stalin y, que además, había contribuido a la edificación del Gran Canal.

Gorki, terminó siendo una triste y manipulable marioneta de Stalin, acabó sus días vigilado, recluido y deprimido.

Todos las tiranías se parecen, cambian únicamente los nombres de los aduladores, los muertos tristemente permanecen, en México hasta hoy, más de 500 mil.

*Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.

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