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Septiembre, mes temible

El coach de un equipo de futbol americano profesional se sorprendió gratamente cuando el buscador de prospectos le llevó a un mocetón que halló en un pequeño pueblo.

Por . Catón

“Lo sé todo”. Esas ominosas palabras le espetó doña Macalota a su liviano consorte, don Chinguetas, quien gustaba de hacer depósitos en otros bancos que el que le correspondía. Un aleccionador refrán postula: “Lo que de noche se hace de día aparece”. Cierto amigo mío, casado, visitaba a su amiguita en el departamento de ella. Una noche, al salir del encuentro, vio un papel en el parabrisas de su coche. Decía: “Todo se sabe, y todo se sabrá”. Jamás pudo averiguar mi amigo quién le puso ese “Mane, Thecel, Phares.”, pero al final se quedó sin esposa y sin amiga. (Las palabras “Mane. Thecel. Phares.”, aparecieron misteriosamente en un muro del salón donde el rey Baltasar celebraba una orgía mientras -castigo de Dios- el ejército de Ciro entraba en Babilonia. La expresión quiere decir: “Contado. Pesado. Condenado”). Pero veo que me aparto de la historia. La retomo. Doña Macalota le enrostró a su marido aquella frase lapidaria: “Lo sé todo”. En vez de atribularse don Chinguetas replicó: “¿En serio? A ver: ¿Cuál es la distancia de la Tierra a la Luna?”. (Respuesta: 384,400 kilómetros). El coach de un equipo de futbol americano profesional se sorprendió gratamente cuando el buscador de prospectos le llevó a un mocetón que halló en un pequeño pueblo. El rudo gañán medía 2 metros de estatura y pesaba 165 kilos. Le preguntó: “¿Puedes golpear con el hombro?”. El muchacho partió en dos con el hombro un poste de la electricidad. “¿Puedes correr aprisa?”. En 8 segundos el mozo atravesó corriendo el campo de juego. Entusiasmado, el coach le mostró un balón de futbol americano. “¿Podrás pasar este balón?”. “Pienso que sí -vaciló el grandote-. Aunque quizá necesite un vaso de agua”. “Septiembre, se tiembla”. La frase, contrariamente a lo que se pensaría, no es de ahora. Se usaba en el Puerto de Veracruz desde los tiempos coloniales para decir que en ese mes arreciaba la virulencia de las enfermedades tropicales endémicas de la región, las cuales guadañaban sobre todo a los extranjeros recién llegados en los barcos, pero sin perdonar tampoco a los locales. En nuestro tiempo septiembre es mes temible, pues en él -y asombrosamente el mismo día, el 19- se han registrado los sismos que en la Ciudad de México y en otras del País han originado tantas muertes y tanta destrucción. Los sismólogos se preguntan ya si tal coincidencia es eso, mera coincidencia, o si el raro fenómeno de fechas coincidentes ha de ser materia de especial estudio. Por si o por no, el próximo septiembre, si el buen Dios me conserva la vida, no me pararé ni por equivocación en la capital de la República ni en las demás ciudades donde tiembla, e iré sólo a aquéllas donde los únicos temblores son los que causa López Obrador en sus comparecencias matutinas. Cherry Berry, linda muchacha escocesa, y su novio, Dick McPrick, salieron a pasear por el campo aquella noche. Ella lucía en su vestido los colores del clan de su familia, y él los suyos en su faldita o kilt. Por el camino le dijo Cherry a su galán: “¿No es cierto, Dick, que tienes ganas de tomarme de la mano?”. “Así es -admitió el robusto mancebo-. ¿Cómo lo supiste?”. Respondió ella: “Por la luz en tus ojos”. Él la tomó de la mano. Poco después Cherry le preguntó a McPrick: “¿No es cierto que tienes ganas de besarme?”. “Es cierto -reconoció él-. ¿Cómo lo supiste?”. Repitió la chica: “Por la luz en tus ojos”. Él la besó apasionadamente. Siguieron caminando, y le dijo Cherry: “¿No es cierto, Dick, que tienes ganas de hacerme el amor?”. “Y muchas -replicó al punto el muchacho-. ¿Lo supiste por la luz en mis ojos?”. “No -contestó Cherry-. Lo supe por la elevación en tu falda”. FIN.

Licenciado en Derecho y en Lengua y Literatura españolas/cronista de Saltillo.

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