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El Rey de los Deportes

De los tres estados del Noreste, Coahuila es el único que no ha enfermado de futbol.

Por . Catón

De los tres estados del Noreste, Coahuila es el único que no ha enfermado de futbol. En Tamaulipas los Correcaminos, en Nuevo León los Tigres y los Rayados han convocado multitudes de fanáticos que llegan al éxtasis orgásmico cuando su equipo gana, y lloran con luto funerario cuando pierde. A veces los aficionados hacen enormes sacrificios con tal de no faltar a los partidos. Claro, hay excepciones. En cierta ciudad una señora le dijo a su marido, vehemente seguidor de los Lagartos, el equipo local, que podría ir al futbol sólo si antes le hacía el amor. Para tal efecto se tendió en la cama sin ropa alguna encima, en actitud de Cleopatra voluptuosa. El esposo la miró así, yacente y en cuero de rana, como decía don Gabriel Vargas. "No -masculló mohíno-. Ni que los Lagartos estuvieran jugando tan bien". En el Norte mexicano, de Coahuila hacia el Poniente, el beisbol sigue siendo el rey. Chihuahua es entidad basquetbolista, pero en los pueblos y ciudades el beisbol se juega con pasión. Y para muestra un botón basta. Ese botón lo traje hace tiempo de un viaje que hice a Delicias. Cerca de esa ciudad hay una pequeña población, Saucillo. Los lugareños dicen que su comunidad es la capital mundial del orégano. Y en efecto, en Saucillo todo el monte es orégano; el pueblo vive de esa planta sabrosa y odorífera sin la cual no se puede concebir un buen plato de menudo. Un menudo sin orégano es como un rosal sin rosas, como un cielo nocturno sin luna y sin estrellas. Los saucillenses tienen un magnífico equipo de beisbol: Los Oreganeros de Saucillo. Es un trabuco ese equipo; ha ganado todos los campeonatos en la liga intermunicipal. Los Oreganeros son algo así como los Yanquis de Nueva York en la época de Babe Ruth y Gehrig. De pronto los Oregoneros de Saucillo empezaron a verse de capa caída. Les sucedió lo mismo que a los Mets cuando se hizo cargo de ellos el legendario Casey Stengel. Cierto día un reportero le preguntó al gran beisbolista cómo iba el equipo. "Más o menos -respondió él-. Perdimos 10 de los primeros once juegos, y luego entramos en un slump". Slump, en términos beisbolísticos, significa mala racha. Cuando los Increíbles Mets vinieron a jugar un partido de exhibición en la Ciudad de México, un periodista quiso saber si a Casey le preocupaba la altura de la capital. "De ninguna manera -respondió él con firmeza-. Nosotros podemos perder a cualquier altura". ¿Por qué empezaron a perder los Oregoneros de Saucillo? Porque el mejor pitcher del equipo fue electo presidente municipal, y con ese motivo tuvo que dejar el equipo. Sin su lanzador principal los Oreganeros conocieron el amargo sabor de la derrota. No ganaban ni en su casa ni en la ajena. La gente del pueblo andaba toda triste. Pues bien: Un día llegó el Gobernador a inaugurar un puente que la gente de Saucillo venía pidiendo desde hacía mucho tiempo. El jefe del Ejecutivo imaginó que el acto inaugural de aquella tan esperada obra sería una fiesta para los saucillenses; que todo en la ocasión sería alegría y regocijo. Se equivocó de medio a medio. Grande fue su sorpresa cuando lo recibió una comisión de notables que portaban una enorme manta donde se declaraba el sentimiento popular. Escrito con grandes caracteres decía aquel letrero: "Gracias por el puente, señor Gobernador, pero lo que necesitamos es un buen pitcher para los Oregoneros". Eso se llama afición al Rey de los Deportes. Yo la tengo desde niño. Ahora estoy siguiendo con pasión los juegos previos a la Gran Carpa de Otoño. Por eso me perdonarán que hoy no haya hablado de política. ¿Quién quiere hablar de política cuando puede hablar de beisbol?... FIN.

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